Qasar Al-Hallabat Desert Castle

Este complejo, de considerables dimensiones, alberga, además del palacio, una mezquita, un enorme embalse, cisternas, una parcela agrícola y unas termas. Las nuevas excavaciones del qasr y la mezquitan han dado lugar a la necesidad de reintepretar la historia del lugar.

Mientras que la cerámica y las inscripciones apuntan a una fase nabatea, el qasr que apreciamos hoy en día probablemente fuese, en sus comienzos, una pequeña fortaleza romana del siglo II, una de las muchas que servían para defender la frontera de Arabia, la limus arabicus. Se construyó con caliza de la zona, desde donde se vigilaba la Nueva Vía Trajana. Posteriormente, se aumentó cuatro veces más con respecto al tamaño original, además de eregir torres cuadradas en cada esquina.

Esta segunda fortaleza se destruyó en el siglo VI, probablemente por el terremoto del 551, aunque fue reconstruida más tarde, posiblemente, por la tribu cristiana de los Gasánidas. Aunque la parte exterior mantiene su apariencia de fortaleza, en el interior pasa a ser una vivienda con una sala de recepción, decorada con mármol y mosaicos. Para su reconstrucción, se utilizaron piedras de basalto negro procedentes de otros lugares. Algunas de ellas portaban trozos de una extensa inscripción griega: un edicto del Emperador Anastasius I (491-518), donde se narraba cómo se hizo con el poder de la provincia de Arabia. Sin embargo, poco interesaban las inscripciones para la construcción de la fortaleza, por lo que se taparon con yeso.

El qasr tuvo su mayor momento de esplendor en el siglo VIII, época en que los Omeyas lo transformaron en una lujosa residencia, de estuco tallado, frescos y coloridos mosaicos en el suelo, con su propia mezquita dentro del recinto. A 2km de distancia, se encuentran las termas (Hammam as-Sarah), de estilo muy similar a las que hallamos en Qusayr Amra.