Pella Tours

Ubicada en el pliegue de las montañas sobre las que se divisa el Valle del Jordán, Pella estaba perfectamente ubicada y no únicamente por sus arroyos perennes. La escasez de cantidad que experimenta hoy en día se debe a la estanción de bombeo, que ha deteriorado uno de los lugares más encantadores de Jordania.

Las excavaciones realizadas por americanos, en 1958 y 1967, y australianos, desde 1979, están deshojando las distintas capas de la compleja historia de Pella. En el montículo principal, habitado desde el Neolítico, se aprecian asentamientos del Calcolítico y la Edad del Bronce Antiguo. Sin embargo, el monumento más significativo, con diferencia, es un inmenso templo de sólidos muros de piedra, perteneciente a la Edad del Bronce Medio y situado en la parte sur del montículo. El templo fue reconstruido, aunque con dimensiones más reducidas, probablamente tras un terremoto. En la Edad del Hierro, en los siglos X y IX a.C., se procedió a posteriores reconstrucciones del templo, reduciendo en cada una sus dimensiones con respecto de la anterior.

La primera referencia literaria que encontramos sobre la zona, denominada Pihilum o Pehel en textos del Antiguo Egipto, se remonta a la Edad del Bronce Medio, en el siglo XIX a.C. Hablamos de un dinámico centro comercial, que servía de vínculo entre Siria, Chipre y Egipto, a los que suministrada madera para la fabricación de los radios de los carros.

Bajo el dominio del Imperio de Alejandro Magno, la ciudad pasó a llamarse Pella, bien en honor al lugar de nacimiento del Emperador, a una heleniazión de Pehel o, bien, por ambas razones. Su nombre en árabe, Tabaqat Fahl, resulta también de su nombre primitivo, ya que el sonido “f” del árabe deriva del sonido “p” del arameo.

Pella estuvo sometida, de manera periódica, a los Ptolemaicos y los Seléucidos. En el 83 a.C., la ciudad fue saqueada por Alejandro Jannaeus. Tras su liberación a manos de Pompeyo en el 63 a.C., su prosperidad mejoró al convertirse en ciudad de la Decápolis. Los únicos monumentos romanos que se conservan son los escasos restos de un pequeño teatro, unas termas, un ninfeo y uno de los maravillosos muros del Templo de Serapis, en la parte sur de la iglesia principal.

En el 67 d.C., Pella sirvió de refugio para los cristianos que huían de la destrucción de Jerusalén a manos de los Romanos. Posteriormente, se convirtió en una sede episcopal y su obispo asistió a los diversos Concilios Ecuménicos de la Iglesia. Durante el periodo bizantino, su prosperidad se mantuvo, expandiéndose el perímetro de la ciudad y contruyéndose diversas iglesias.

En el 635, la primera victoria del nuevo ejército islámico sobre los bizantinos acaeció cerca de Pella, seguida de una segunda victoria cerca del Río Yarmouk, algo más al norte, un año después. Durante unos 100 años, Pella fue una próspera ciudad omeya, con una fascinante zona residencial eregida sobre el montículo. Se han encontrado en la zona piezas de cerámica de la época, fabricadas en los hornos de Jarash. Sin embargo, el terremoto del 749 destruyó prácticamente la ciudad. En una de las casas, los excavadores encontraron los esqueletos entrelazados de una mujer y un hombre, que permanecieron agarrados ante el terror desatado cuando el terromoto sacudió la zona. La mujer vestía un vestido de seda china.

Durante los periodos abbasí y mameluco, continuó la vida en la zona aunque ahora con una población más reducida y de carácter más rural. Un pueblo, construido a base de adobe, se mantuvo en pie sobre el montículo hasta 1967-1968, cuando la población se ubicó en la parte baja de la montaña para evitar los bombardos aéreos israelíes.