Dana Nature Reserve

La pequeña ciudad de Dana se acomoda sobre la loma de una montaña, que transcurre hasta la fractura de Wadi Araba. El único acceso por carretera acaba al principio de la ciudad; a partir de ahí, surgen estrechos senderos, rara vez lo suficientemente anchos como para andar por ellos, entre las edificaciones, cuyas azoteas hacen las veces de lugar de encuentro en la ciudad. Construidas a base de piedra y madera, y revocadas con barro, las edificaciones combinan a la perfección con el paisaje.

Los tres arroyos caudalosos de la zona y el terreno propicio para el pastoreo favorecieron los asentamientos desde tiempos inmemoriables. Los arroyos riegan las terrazas de las montañas delicadamente formadas, repletas de todo tipo de frutas y hortalizas.

El pueblo que apreciamos hoy es de origen otomano, de casas recientemente restauradas para hacerlas habitables. Sin embargo, sobre los años 80, el vida del pueblo se apagó prácticamente, ya que muchos de sus habitantes se trasladaron a otra localidad cercana a la nueva carretera de la meseta, Qadisiyyah, en busca de trabajo en la fábrica de cemento. En los años 90, la electricidad llegó al pueblo y la Sociedad Real jordana para la Conservación de la Naturaleza (RSCN, por sus siglas en inglés) restauró varias casas y promovió proyectos para la creación de puestos de trabajos, como conservas de alimentos, y diseño y elaboración de joyería de plata. El resultado ha sido la vuelta de muchos ciudadanos a sus antiguos hogares.

Tras la instauración de la espectacular Reserva Natural de Dana en las montañas de arenisca al otro lado del Wadi Dana, se crearon más puestos de trabajo y los ciudadanos se concienciaron de su esencial cometido de la conservación de la flora y fauna.